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Políticos encarcelados en la Majadahonda de los años 20

Majadahonda no es la ciudad dormitorio, creada en los años sesenta, que muchos creen que es. El otro día yo alucinaba cuando, hablando de nimiedades con un amigo, éste se sorprendió cuando le dije que Majadahonda tiene ochocientos años de historia, y es que es así, basta con buscarlo en la Wikipedia, y darse cuenta de que esta ciudad no es un invento de la evolución capitalista de la España de los años sesenta, en la que el franquismo intentaba ser menos franquismo.

Si ya había Majadahonda en el siglo XIII, por supuesto también lo había en el XX. Majadahonda desde el siglo anterior ya se había conformado como un pequeño pero independiente territorio, no demasiado lejano de la capital del Reino, aunque mucho más que ahora, y cuya extensión quedaba en parte ocupada por las tierras en las que Felipe II, allá por finales del siglo XVI, había cazado. Las desamortizaciones de aquel siglo hicieron que los territorios de la vastamente rural Majadahonda de esta época, que desde hoy parece prehistórica, fueran en aún mayor medida propiedad de la nobleza y de los grandes terratenientes.

Siglo XX. A principios de los años 20, se coloca Miguel Primo de Rivera como nuevo dueño y señor de los designios de nuestro país, comenzando en septiembre de 1923 la conocida como dictablanda, con el beneplácito del rey Alfonso XIII. Poco antes de aquel teatralizado golpe de estado, se habían celebrado elecciones  municipales en las que los ayuntamientos, incluido el de Majadahonda, se habían renovado parcialmente. Sin embargo, pocas semanas después del nombramiento de los flamantes ediles, ya instaurado el régimen de Primo de Rivera, y creado el Directorio Militar, que era algo así como la versión dictatorial de un consejo de ministros, el entonces Gobernador Civil de Madrid ordenó la visita por parte de funcionarios a cargo de este a los ayuntamientos más sospechosos con el objetivo de detectar alguna irregularidad, si la hubiese. Cuando llegaron al consistorio de Majadahonda, cuyo edificio, por cierto, era idéntico al actual, aunque años más tarde, en la guerra, quedaría en ruinas, encarcelaron a una parte de los concejales, considerando que sus actividades estaban “desviadas de sus cauces normales”.

El secretario del Ayuntamiento, que se llamaba Luis Calvo, escribió al Directorio Militar una carta, tras once días en la Prisión Modelo, explicando la razón de las supuestas irregularidades halladas, que databan de dos años antes. Calvo llevaba siendo secretario del Consistorio majariego desde el año 1906, y argüía que el único delito que se le atribuía era el de no denunciar las actividades presuntamente extrañas descubiertas en el ayuntamiento que entonces encabezaba Juan Sanz, cuyo nombre quizá te suene porque así se llama una pequeña plaza que hay en el centro del pueblo.

La Iglesia de Santa Catalina, aproximadamente hacia esta época.

Las supuestas actividades ilícitas en cuestión eran, básicamente, una supuesta malversación de fondos, ya que el funcionario que fue a inspeccionar el consistorio halló una diferencia de más de 2.300 pesetas entre la cantidad de impuestos recaudada por el ayuntamiento y la que figuraba en la contabilidad de él. Calvo, alegaba él, nunca denunció al primer edil majariego porque jamás pensó que esto pudiera considerarse de malversación de fondos, ya que las cantidades de las que se hablaba representaban nada menos que un superávit en las arcas de Majadahonda, que hasta ese momento habían estado más que escuálidas. Tanto, que el Ayuntamiento debía al propio Calvo cinco mil pesetas, entonces una cantidad nada despreciable, que no habían podido ser pagadas. Así que resultaba que las actividades del alcalde Sanz, lejos de ser ilícitas o, al menos, inmorales, tuvieron como objetivo revertir la situación que atravesaba el ayuntamiento.

Cuando Luis Calvo estuvo en la cárcel, recibió un gran apoyo popular de los majariegos, que, según la prensa de la época, iban a visitarlo a la Modelo en grupos de hasta cincuenta personas, realizando un viaje a la capital que en esa época no era tan fácil como lo es hoy.

La historia, por supuesto, no quedó ahí. Dos años después, en noviembre del 25, el caso se resolvió a favor de los ediles majariegos. Se probó que las diferencias halladas por los funcionarios entre las cantidades recaudadas y las que anotaba el secretario Calvo se debían a que parte de lo recaudado se dedicaba a pagar directamente los sueldos de quienes trabajaban en el Ayuntamiento, sin formar parte de la contabilidad. Aunque el denunciante no lo hizo, el fiscal retiró la acusación. El alcalde, que ya no era Juan Sanz sino Atanasio Labrandero (apellido muy majariego), el secretario Luis Calvo y los concejales imputados, pidieron la absolución en el caso. Del resto de la historia no sabemos más, pero suponemos que los ediles encarcelados quedaron en libertad tras la prueba concluyente, reconocida por el propio fiscal, que dieron. Solo sabemos que, al año siguiente, en junio de 1926, Luis Calvo fue sustituido como secretario del Ayuntamiento por un tal Carlos Beltrán.

Resumiendo: Majadahonda tuvo hace noventa y cinco años a un importante grupo de sus regidores en prisión, por delitos que luego se probaron falsos. Ahora cabe preguntarse si no sería deseable que la misma rapidez con la que entonces fueron ellos encarcelados fuera exigida a los tribunales con nuestros políticos corruptos del siglo XXI.

BIBLIOGRAFÍA
Imagen: “Imágenes de Majadahonda”. Julián Besteiro y Julio Valverde, 1999.
Información: Diarios “El Liberal”, “La Nación, “La Voz” y “La Acción”, 1923-1926.
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